martes, enero 20, 2009

 

Management en TV

El otro día estaba viendo una serie de TV (ya comenté alguna vez lo que me gustaban) y me encontré con un caso de estos en los que 'la ficción supera a la realidad', pero en cuanto a realismo. La serie en cuestión, por si les interesa era Mad Men y era como el cuarto episodio de la primera temporada.

Pues bien, la cosa es que uno de los ejecutivos de cuentas, comerciales, llámemosle como queramos, le está perdiendo el respeto a su jefe, hasta el punto de que niega cuando habla con otra gente fuera de la empresa que lo sea. Siente que tiene buenas ideas, mejores que las que se presentan a los clientes en muchos casos y quiere, evidentemente, preconizarlas. El personaje llega incluso a decírselo a su jefe abiertamente. Ah, se me ha olvidado comentar de que hablamos de una agencia de publicidad, una de las más importantes del país.

Evidentemente, la cosa va yendo a más. En una de las reuniones con un cliente, cuando el cliente duda un poco de la estrategia que le presentan su jefe y los creativos de la firma, en lugar de en todo caso, permanecer callado, apoya al cliente en sus dudas hasta que tira por tierra todo la propuesta. Eso sí, conviene en hacerle presentar una idea nueva al día siguiente, haciendo que el cliente se quede una noche en la ciudad a cuerpo de rey. Él es el encargado de hacer de maestro de ceremonias en el entretenimiento nocturno del cliente, que en los locos años 60 ya se pueden imaginar qué tipo de entretenimiento puede ser. Al inicio de la incipiente parranda nocturna le espeta al cliente su idea de slogan personalmente y el cliente le dice que se deje de trabajo que ahora están de aventura, con lo que queda algo decepcionado.

Llega la reunión a la mañana siguiente y, para la sorpresa del comercialillo (y de su jefe y de los creativos que le acompañan), el cliente le dice al jefe que qué gran idea ha tenido y que lo que más le gusta es que esté tan entusiasmado con ella que se la contara al comercial que a su vez contagiado del entusiasmo no puedo esperar a la reunión para contársela también. El cliente, lógicamente, atribuye la idea al jefe y al equipo creativo, no le entra en la cabeza que el comercial se dedique a estas cosas.

El cliente se va y el jefe recomienda al comercial que disfrute el momento y que se busque también una caja de cartón para recoger sus cosas porque está despedido. Además el jefe se va a contárselo a su propio jefe que es como el máximo cargo de la empresa no propietario que no sólo está de acuerdo con la decisión sino que incluso se mosquea más.

En la siguiente escena aparecen los dos jefes entrando al despacho del dueño, que es un amable viejecillo excéntrico que lo tiene todo decorado en plan japonés, que está descalzo con los pies encima de la mesa, allí pensando en las musarañas. Vamos, el típico propietario super interesado en el dia a día de la empresa. Amablemente, el hombre se reúne con sus subalternos y les habla del pedigrí de la familia del comercialillo, y de cuántas puertas se le van a cerrar a la empresa si se desprenden de él.

El problema es peliagudo. Tienen que recular los dos y desdecirse de su decisión de despedirle. ¿Cómo se va a sentir el comercialillo, aunque no sepa de la reunión, cuando vea que no le despiden? Si ya hinchaba el pecho, no digamos cómo se va a poner ahora. ¿Cómo resolverían Vds. la papeleta para reconducir al comercial sin hacer que sus jefes pierdan la cara?

La solución que plantea la serie me parece genial, tanto que fíjense el rollo que llevo escrito ya. Van los dos jefes a ver al comercialillo, y el jefe de su jefe le dice: "Acabamos de reunirnos con el dueño. Tanto él como yo te queríamos echar a patadas" (poco más o menos) "Tienes que estarle muy agradecido a tu jefe que ha luchado y luchado tanto que, dado el aprecio que le tenemos aquí, hemos consentido en no despedirte. Estoy deseando comprobar que teníamos razón".

Esto para mi es management y no lo que deben enseñar por ahí en los MBAs esos de rancio abolengo.

Por cierto, me alegro de reencontrarme con mis lectores, que me imagino que seré no más que yo dado lo que les he cuidado últimamente. Pero si hay alguien ahí, pues nada me alegro de verle de nuevo.

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